Hola,

"Pero lo que a la pensión sorprendía sobremanera era el hecho de que ni el fabricante, ni sus hijas, ni la misma madame Henriette hubieran visto hasta entonces a ese Lovelace y que, por tanto, las dos horas de conversación por la noche en la terraza y la hora en que tomaron café en el jardín hubiesen bastado para decidir a una mujer de unos 33 años, respetada de todos, a abandonar a su esposo y a sus hijas para seguir a un elegante joven desconocido"

Lector-malherido, hace unos días, hablaba en su bitácora de Veinticuatro horas en la vida de una mujer, de Stefan Zweig. Confieso que me picó la curiosidad, más que nada porque el título que mencionaba Juan me sonaba de algo. Así que me dirigí a la colección de libros de mi madre y allí estaba, un ejemplar verde en tapas duras, muy poco voluminoso (apenas 140 páginas en total, incluyendo 10 ilustraciones y el prólogo que cuenta una biografía del autor); uno de esos muchos libros que se compró mi madre cuando era jovencita y estaba suscrita al Círculo de lectores.

El caso es que decidí leérmelo; además, siendo tan cortito, no me quitaría mucho tiempo de estudio. Y el punto de partida es el que menciona Juan: una mujer abandona a su marido y a sus dos hijas, para marcharse con un aparentemente encantador desconocido al que conoció apenas en tres horas, en el hotel en el que se alojaban. Sin embargo, la novela no trata de este hecho; sólo lo aprovecha para contar otra historia distinta. El caso es que el narrador de la historia parece ver muy normal que una mujer, cansada de su matrimonio, de su gordo y pachón marido, y de sus dos hijas, ceda a sus instintos y se vaya con alguien que aparenta poder darle a la mujer una alegría y unas ganas de vivir que ya no tiene; y oyéndole defender a la señora ante el resto de matrimonios del hotel, que ven en esta actitud una falta de moral y un escándalo, una anciana inglesa decide contarle al narrador, en la intimidad de su dormitorio, las veinticuatro horas de su vida que la hicieron cambiar para siempre.

En realidad no se cuentan veinticuatro horas, pero eso es lo de menos. Lo que se cuentan son cien páginas de emociones y de sentimientos (que salvan a la historia, por cierto, de convertirse en un cuento con el sambenito de culebrón), del choque frontal entre el sentir de la dama inglesa frente al aparentar propio de la época. Lástima que una novela que se enfrenta como lo hace con los convencionalismos de la Europa anterior a la guerra, acabe finalizando con cierto tufo moralista que no me ha gustado nada de nada. Salvo por eso, sin embargo, la novela merece la pena leerse... creo.

Un besote